La cocina de Evita

la cocina Carusita

La cocina Carusita

 PROLOGO

Durante aquel periodo histórico de fines de los 30, todos los 40, y primeros años de los 50 del siglo pasado, en el despertar de la industria nacional, cuando talleres se convertían en pequeñas o medianas fábricas que intentaban dar abasto a la demanda de artículos del hogar, al acceder las masas obreras al poder adquisitivo que les permitía salir de la indigencia de la gran crisis pasada y del desabastecimiento debido a la guerra mundial la desocupación, los bajísimos salarios y las condiciones semifeudales de los campesinos del interior, que desde siempre vivían con una precariedad de vida increíble, se vieron quebradas por el acceso a condiciones mejores, se aumentó el consumo y se puso en marcha un círculo virtuoso de la economía.

Decenas de fábricas proveían de artefactos para hogares humildes, que empezaban a reemplazar, por ejemplo, los braseros a carbón y los calentadores aquellos clásicos “Primus” de los bulines de los viejos conventillos.

Estaban en auge las cocinitas con gasificadores de kerosene; había muchísimas marcas, entre ellas Volcán, Istilart, Simplex, etc. Pero la que fue paradigmática fue la de la fábrica Carú, la célebre “Carusita”, cuyo nombre llegó a ser sinónimo de cocinas de este tipo.

Yo no sé si Carú, el nombre de la fábrica, representaba una sigla, pero para los cientos de miles de migrantes del interior que provenían del Litoral, Chaco y del hermano Paraguay, la palabra “carú” tenía connotaciones del subyacente idioma guaraní que hacían referencia a los términos relacionados con comer, comida, cocinar, y posiblemente los preferían a otros nombres de marcas mas sofisticadas.

Recuerdo que en un encuentro de boxeo en el Luna Park, entre los célebres Prada y Gatica, los enardecidos hinchas de la Popular, siempre creativos, reemplazaron su acostumbrado grito de guerra “Dale, Mono, matalo.. Dale a la bodega” (para indicar que lo golpeara en el estómago) por el popularizado estribillo: “Dale, Mono… ¡A la carusita!”

La aspiración a reemplazar el brasero o el calentador por una “Carusita” (aunque fuera de otra marca similar) era motivo de ostentación entre vecinas rivales. Y a veces marcaban las diferencias sociopolíticas, pues también recuerdo haber oído decir despreciativamente “estos cabecitas peronistas, calefaccionados a Carusita”.

También hubo encendedores “Carusita”, pero como prólogo esto se me ha extendido mucho; disculpen lectores y vamos al grano…

One thought on “La cocina de Evita

  1. Eduardo Caru, mi abuelo, fundó la casa Carú importadora de maquinas de panadería en general y de amasar en particular (Máquinas Pensotti). Cuando murió, en 1944, lel comercio se vendió con nombre y todo a unos hermanos Rodríguez que en lugar de importar máquinas de amasar empezaron a fabricar cocinas, y luedo otros aparatos domésticos.
    Es verdad en guaraní “carú” significa mas o menos ” a comer!!!”

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