Gonzales Chaves Año 1919

Como algunos de los “viajeros del tiempo” han despertado con la resaca de las copas de anoche, salen a buscar calmantes a las farmacias de Hugo Capella, la de Carlos Magliano o la de Elías Monaldo, que dirige el químico farmacéutico F. G. Erramuspe.

Les dan unos analgésicos y les indican que en caso de no mejorar vean a los médicos Drs. Carlos Audino, Federico Dori o Juan Tintori, y en caso de dolor de muelas, está el cirujano dentista Fernández Regó, y bromean: “hay criollas viejas, entre ellas Doña Martiniana Dávila, que los asistirán en cualquier parto, y si todo falla, están Amor y Arana, o Donato Menna y Cia., las dos funerarias”.
Ya desayunados, salimos a caminar y conversar con algunos de los cuatro mil habitantes del pueblo y los seis mil del resto del partido. Nos cuentan con orgullo que gozan en la provincia de Buenos Aires de fama, por ser considerados en producción de avena, como la zona de mayor rendimiento en toda la república, y por las calidades superiores de sus otros cereales que alcanzan las mejores cotizaciones en los grandes mercados.

La idea de grandeza y de más amplias expansiones es la mayor preocupación de los habitantes.

El comercio, las industrias, los servicios públicos, todo tiene manifestaciones de intensa vida.

El espíritu de progreso domina en el pensamiento del vecindario.
Todos los días se derriban viejas edificaciones y se inician o terminan otras más elegantes, más en armonía con el ambiente de renovaciones que se respira.

No se espera el subsidio del Estado, el edificio que tanto admiran de la comisaría y sala de Primeros Auxilios, con sala para operaciones y alojamiento para varios enfermos lo costearon por suscripción pública.

Otro cuyo gasto de construcción de más de 65.000 $ M/N es por suscripción pública es el muy importante destinado a la Escuela Nº 1.

DecoradorLa Iglesia y casa parroquial y el colegio Juan Elicagaray son donación de Doña Ana P. de Elicagaray; están en construcción el Palacio Municipal (el antiguo), el templo evangélico y otros muchos de variados y caprichosos estilos arquitectónicos, nos dicen que han borrado los últimos vestigios de aquel pueblo rural, desaparecido bajo las sombras que proyectan las elevaciones de estos palacetes.

Para atender este auge constructivo están los hornos de ladrillos de Barreiro y Rebollo Hnos.; Juan Bianchi y Cia, Genaro Codagnone y Cia., Pedro Garda, Rafael Gentile, A. Felichetti; y los numerosos obreros del Sindicato de Cortadores de ladrillos, adheridos a la F.O.R.A.

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