Una Sociología Matrera

B)    No registramos antecedentes de esclavitud (al menos como institución)

Sí hubo presencia afro, en primitivas estancias (femenina en el trabajo doméstico, para la familia del patrón). La de los hombres minoritaria y sin secuelas de servilismo por su condición de fugitivos o de libertos.

Recuerdo del Martín Fierro, a aquel ladero del Viejo Vizcacha:


“Quien le quitó la costumbre
De escupir el asador
Fue un mulato desertor
Que andaba de amigo suyo
Un diablo muy peleador
Que le yamaban “Baruyo”

Estos desertores, muchos inválidos de guerra, provenían de la infantería negra, que a la par de la caballería gaucha, era la carne de cañón de todas las guerras.

En nuestros pagos, quedaron reliquias de aquel “Batallón de Cazadores” que el Gobernador Martín Rodríguez hizo marchar en sus expediciones de 1820/24.

¡A pie!, cruzaron nuestro partido, ida y vuelta, de Tandil a Bahía Blanca.

Un conglomerado de morenos rotosos, semi hambrientos y peleadores hasta la muerte, volvían hechos pedazos, helados y casi todos sin calzado. La mayor mortalidad fue de estos infelices, no había día que no hiciera recoger del campo negros helados. Mandaba a mi escolta a que trajera a los negros que encontrare duros de frío, los hacía meter en una tienda, calentarlos al fuego, darles ponche de aguardiente hasta que vueltos a la vida, se los mandaba a sus jefes, que ningún caso hacían de aquellos desgraciados”, cuenta el coronel Manuel Pueyrredón.

A la “Rastrillada del Tandil a la Bahía Blanca”, que cruzaba el actual Chaves, los soldados negros la marcaron con sus huesos blancos. ¡Cuantos héroes olvidados! ¡Y cuantos monumentos poco merecidos! ¡Y todavía hay quien dice que Chaves no tiene historia!

Otros provenían de los prisioneros de guerra brasileros, tomados en Patagones y que se destinaron a la construcción de zanjas y fortines en esta frontera.

Al firmarse la paz y devolverlos, muchos se quedaron, porque en Brasil volverían a la esclavitud; aquí, ya abolida, por lo menos eran libres por pisar tierra argentina. Conocí diversos descendientes de ellos.

Existe en la toponimia local la laguna de Bastos. Muchos creían que el nombre se debía a los “bastos” del recado criollo.

Cuando investigué ad honorem para la municipalidad local, que quería conmemorar el último malón indígena en nuestro partido, donde perdió la vida con un hijo y varios peones, don Venancio Caparróz, tuve una larga charla con un nieto, don Segundo, ya muy anciano.

Me informó que el nombre geográfico provenía del apellido portugués Bastos, ex prisionero brasilero, que tenía el rancho de su puesto a la costa de la laguna.

El aporte de la “morenada” al “obreraje” argentino, fue la actitud de alegría, informalidad y chacota, que ameniza el trabajo y lo hace soportable aunque choca con la solemnidad o severidad que pretenden imponerle capitalistas y gerentes extranjeros, alérgicos a este espíritu festivo, confianzudo.

También la exteriorización de afectos, de vínculos extralaborales, amistosos, fuera y en el lugar de trabajo, herencia social del carácter extravertido de los “negros”.

No sé ya quien me dijo, tal vez con un dejo racista, que “el negro, aún viejo, siempre es un niño; el indio, aún niño, siempre es un viejo”.

Como “blanco” a sí mismo no se calificaba, pero solía lamentarse que “este país” no funcionaría mientras hubiera “italianos con plata, gallegos con cargo y negros con mando”… Supongo que nos proponía un virrey inglés…

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