No había fotos, pero estaba Carlos Morel

“Don José María Morel y Pérez, nacido en Galicia hacia 1768, comerciante de Buenos Aires que había realizado en 1807 importantes donaciones para las viudas y huérfanos que dejó la Primera Invasión Inglesa, en el Cabildo del 22 de Mayo siguió con su voto al oidor don Juan Manuel José de Reyes junto a un sector de españoles que juzgaron peligrosa o por lo menos innecesaria toda innovación, y sin motivo, por el momento, subrogar la autoridad del virrey.

Ya en la alborada revolucionaria, la Junta de Mayo, inspirada por Moreno crea la Biblioteca Pública; ¡Sabían aquellos hombres, que fueran cualquiera los problemas a afrontar, debía tener cabida la atención gubernativa a la cultura!

Pero el erario público tienen que aplicarlo a la supervivencia misma de la joven patria. Ello obliga a apelar a la generosidad de los porteños para llenar los anaqueles.

Aunque receloso con el movimiento revolucionario, Morel padre se hace presente en la cruzada con la donación de varios volúmenes.

Cualquiera haya sido su posición  en los acontecimientos de la época, sin silenciar al hidalgo español que en el alentaba; uno de esos hidalgos que según Arturo Capdevila, supieron trocar la clásica capa por el poncho criollo, pues debía sentir con la misma intensidad que la propia a esta tierra en que organizó su vida y se transmitió en hijos, vinculado a un antiguo linaje criollo cuando se desposó con doña Ana Dupuy Islas de Garay, descendiente en línea directa de don Juan de Garay, de ella había enviudado en 1804, quedando con tres hijas.

El 16 de Agosto de 1810 contrae nuevo enlace con la porteña Juana Miró, hija de don José Antonio Miró y doña Gregoria Farías, unión que además de otros hijos había de darle a la patria, el 8 de febrero de 1813 (año de la Asamblea), el primero en el tiempo de sus artistas, bautizado el siguiente día en la Catedral por su cura rector Dr. Julián Segundo de Agüero, con los nombres de Juan Carlos y anotemos la venturosa coincidencia; la calle histórica que vio nacer el primer artista criollo, había de escuchar antes que nadie y allí muy cerca, las voces augurales y eternas de la Canción Patria pues la casa de don Vicente López y Planes, estaba a metros de la de los Morel, que tenía 18 habitaciones y tres patios.

En ella fallece don José María el 6 de junio de 1825.

Su desaparición, prematura sin duda (57 años), el hijo mayor Estanislao de 14 años, Carlos, el pintor de 13, y la hija menor apenas 2 años, incide definitivamente en las posibilidades del hogar y obliga a los dos varones a incorporarse a los negocios
paternos, dirigidos ahora por manos extrañas, bien que amigas.

En la rudimentaria escuela de dibujo, a cargo del suizo José Güth, los hermanos se inscriben en el curso de 1827.

Estanislao abandona, pero Carlos debió poner gran aplicación, pues no figura en las “listas de ausentes”, que costumbres de la época, se publicaban en los diarios.

Obtiene aprobado, en 1828 y sobresaliente en 1829 y 1830, año de su egreso, en público examen, supervisado “severamente” en nombre del Estado por Carlos Pellegrini.

El egreso de la modesta escuela coincide con el matrimonio de su madre viuda con el retratista extranjero Cayetano Descalzi (el autor del célebre retrato de Juan Manuel de Rosas), que tal vez como padrastro influyó en el joven artísticamente pero negativamente en lo sensitivo, trayéndole sufrimientos morales, con las desavenencias y continuas reyertas con su madre, que obligaron a ésta a pedir trámite de divorcio (justas serían sus causas, para que caso rarísimo, la Iglesia Católica, encargada de la época, aceptara el trámite).”

One thought on “No había fotos, pero estaba Carlos Morel

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *