No había fotos, pero estaba Carlos Morel

El 18 de febrero de1828, el gobernador Dorrego y la Junta de Representantes de la provincia sancionaron la ley sobre tierras de pastoreo en “enfiteusis”.

Para lograr una “suerte de estancia”, se denunciaba un terreno baldío acompañado de la firma de dos testigos, el notario mayor debía inscribirlo en el “Gran libro de la Propiedad  Pública” y pagar un canon que se fijaba cada 10 años y se debía poblar dentro del término de dos años.

Se consideraba poblado cuando se tuviera 100 cabezas de ganado vacuno o caballar; una casa o rancho y un corral de zanja o estacas.

(Obvio, no tenían aún alambre ni tampoco la fotografía).

Pero el precursor pintor en su obra “La familia del gaucho”, nos trasmite con su arte la visión de cómo habrá sido la instalación de una familia en el “desierto” (hoy es nuestro partido). Puede sernos útil en la comparación de dificultades actuales de quejosos productores agropecuarios.

La familia del gaucho

La familia del gaucho

Los criollos pobres, los verdaderos pioneros heroicos, muy anteriores a los inmigrantes europeos, dicho sea sin ningún desmérito para éstos, desbrozaron las pampas con sacrificios inauditos, sólo para ser despojados, junto con los indios, de la amada tierra en la etapa siguiente, que “empoderó” a la naciente oligarquía latifundista.

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