“Perdíz Chica” y Sixto Ortiz

El desmantelamiento sindical de la reacción conservadora, a fines de los treinta se va superando. El movimiento obrero se fortalecía. Importantes federaciones (como Construcción, Carne y otros) y muchos sindicatos de base, tenían fuerte influencia del Partido Comunista, otros reminiscencias anarquistas, también socialistas, y pocos sindicatos burocráticos en manos pro-fascistas.

Repercutía la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la caída de Mussolini y Hitler, el triunfo de los aliados y la Unión Soviética, el auge del movimiento anticolonialista, la exaltación de los derechos humanos, civiles, democráticos, gremiales.

Las masas del interior que se desplazaban a formar la nueva clase obrera nacional para la iniciada industrialización de los centros urbanos (aquellos “cabecitas negras”).

Tiempos de confusión para cuadros medios nativos, pero de formación internacionalista, como era Sixto Ortiz. Fue ímproba su tarea para tratar de educar en la conciencia proletaria a las desbordantes nuevas promociones obreras.

Me contaba Tona, su esposa, que Sixto le ganaba al más empecinado evangelista, en su persistencia por difundir su credo obrerista.
Empezó la actuación de Perón en la Secretaría de Trabajo y el desplazamiento de la antigua dirigencia sindical por la nueva, muchas veces improvisada.

La figura de Sixto, haciendo innúmeros contactos y relaciones, tan criollo como el pan con grasa, tan auténtico, tan proletario, hora rechazado al grito de “comunista, infiltrado, andate a Rusia, ¿cuantos rublos te pagaron?”, hora invitado por los mismos novatos confundidos, para que les facilite su enorme experiencia organizativa, sus infinitos contactos de todo tipo.

Él mismo, atraído por la ola de conquistas sociales, tragando el sapo político de la Unión Democrática por disciplina, arrostrando la persecución “por contreras”.

¡Qué alegría tuvo cuando Perón legalizó el partido comunista! Y cuando este partido denunció el inminente golpe gorila y resolviendo apoyar al gobierno popular.

Luego vino la “revolución libertadora” con su efecto catastrófico en lo popular y nacional.

No sé cómo lo afectó a Sixto. Cuando yo comenzaba a actuar fuera de lo local de Chaves, recuerdo que con delegados de la antigua FASA del sur bonaerense, encabezados por el tresarroyense Alfredo Diez, nos reunimos en un bar aledaño a la CGT, en la Capital Federal, con otros dirigentes.

Recuerdo a Gerónimo Izeta, José Alonso y otros históricos.

Se trataba de recuperar la CGT intervenida. Frondizi prometía devolverla, pero no cumplía. No sé cómo, los veteranos consiguieron la llave y nos introducimos clandestinamente a deliberar en el salón central. Yo era muy novato entonces.

Ahí encontré a Sixto, que estaba con Severo Cerro, otro histórico de FATRE, con un grupo de sindicalistas comunistas.

Recuerdo que cruzaron algunas escaramuzas verbales con nosotros los peronistas, medio en broma hasta que no se quien le dijo a Sixto “¡Ustedes en la Libertadora asaltaron los sindicatos!”. Sixto contestó: “¡Eso es una infamia, yo estaba preso!”.

Otro dirigente peronista dijo: “es cierto, con Sixto estuvimos presos juntos.”

De estas reuniones salió una alianza para la resistencia que se llamó M.U.C.S. (Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical). Recuerdo el discurso magistral de Sixto, llamando a la unidad obrera.

Ya terminada con éxito la reunión, algunos de nuestro grupo quisimos cantar la marcha peronista y del grupo del P.C. nos dijeron: está bien, pero nosotros vamos a cantar “La Internacional”.

Entonces los veteranos de ambos grupos nos dijeron.”Dejense de joder pendejos, que hay estado de sitio. Desconcentren en silencio, que de acá vamos en cana todos juntos”.

Perdón lectores si me entusiasmé con mis recuerdos de militancia, tal vez no vienen al caso.

Esto sucedió poco antes de la división de las 62 y los 25 colaboracionistas; los PC siguieron con el MUCS si mi memoria no falla.
Luego siguieron años de avatares históricos para el país.

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