“Perdíz Chica” y Sixto Ortiz

Podríamos terminar aquí esta historia de lucha, con este final feliz, pero…

Pocos años después se deben haber deteriorado estas condiciones idílicas que despertaban su euforia inicial.

Circunstancialmente estaba hojeando una publicación poco conocida (Campo Nuevo Nº 38, Octubre 1986). Veo que desde Humberto Volando, hasta la más minúscula Agrupación de Campesinos, están que trinan contra el gobierno de Alfonsín y el Ministro del Interior Antonio Tróccoli.

La Federación Agraria protestó en Plaza de Mayo, un millar de colonos en el Chaco cortaron la ruta Nacional 95 y la Provincial Nº 6.

Leo quejas y explicaciones de costos que superan el valor de la producción de tabacaleros, algodoneros, cañeros, etc. De todo el país.

Voy a dejar ya de hojear, cuando advierto una furibunda carta abierta suscripta por varios colonos encabezada por el pequeño productor Sixto Ortiz.

“Mientras el gobernador Barros Arana pasea por el extranjero buscando radicaciones de empresas, con anuencia de legisladores oficialistas, fue liquidada la única planta procesadora de tung, escribe desde Villa Armonía, en Leando N. Alem, Misiones. Además de ser la única estatal, y dejar sin trabajo a los obreros, que con una olla popular intentan resistir el cierre, los pequeños productores se perdieron de vender el tung, que se está pudriendo en el Rosado, sin tener donde quejarnos o reclamar el mínimo respeto por nuestro trabajo y esfuerzo, denunciamos que la planta de capital norteamericana, ahora única al cerrarnos la estatal, nos tuvo dos días guardando turno en su puerta, para después avisar que sólo recibirían las cargas de grandes vehículos y quienes íbamos en camionetas y carros debíamos volvernos porque no se nos permitía bajar la producción.

También los productores chicos de pino, les conviene dejar podrir la madera en el monte pues la papelera Alto Paraná paga once australes la tonelada puesta en fábrica y el volteo cuesta nueve australes y el flete cinco mas la tonelada. ¡Es un país de locos!

En otro artículo se pide el mínimo de 25 hectáreas por familia que los jesuitas otorgaban a sus antepasados, para los sin tierra de la colonia guaraní, y se exhorta a evitar el éxodo rural. Presidida por su nombre sigue una larga lista de colonos de diversos orígenes, incluyendo coreanos y guaraníes. ¡Internacionalismo proletario! ¡Vamos Sixto viejo todavía!

Después no volví a saber de él. Hasta que recientemente me visitó un compañero y por él supe que Sixto, andando en esos trajines, en su viejo automóvil con su vieja compañera, de pronto le dijo: ¡Tona, estoy descompuesto! Se abrazó a ella y murió como un niño en el regazo de una madre. ¡Pobre Tona!

Y Sixto, que murió en su ley, espero que por fin, en algún ranchito florido del cielo, se haya encontrado con su bella madre y con el gaucho “Perdiz Chica”, su padre.

Osvaldo Furlani
Setiembre 2009

 

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