“Perdíz Chica” y Sixto Ortiz

Siempre estuve dentro de FATRE en contacto con Sixto Ortiz y Severo Cerro, respetándonos las ideologías, con la anuencia de Sebastian Montoya, nuestro secretario histórico. Unidos en la lucha reivindicativa, separados en la lista blanca y en la lista azul.

Después de muchos años, cuando ya no estaba Sixto y había muerto Montoya, unimos ambas en la única lista azul y blanca que triunfó en forma aplastante en un congreso bajo la ingerencia y las presiones desvergonzadas del Ministerio de Trabajo “democrático” del gobierno de Alfonsín.

Solía tocarme participar en las comisiones de estudio que presentaban las ponencias junto con Sixto Ortiz, que lo hacía por minoría.

En lo que estaban unánimes Sixto y Montoya, era en el tema de “la Reforma Agraria”. Insistieron tanto que la CGT lo tomó como propio y así se hizo el histórico congreso por la Reforma Agraria convocado por COCOPRA y la CGT, en la ciudad de Santa Fe, los días 14, 15 y 16 de Mayo de 1965.

Era tal el entusiasmo de Sixto Ortiz por la reforma agraria, su tema favorito por años, que yo en chanza que salió profética, siempre le decía: “¡Dejate de joder Sixto, con la reforma agraria! ¡A ver si por ahí el gobierno te da la tierra, vas a tener que laburar y no vas a saber que hacer con ella!”.

Ya que estamos en tren de chanzas, les contaré una táctica gremial de Sixto, cuando era dirigente de base en el Sindicato de FATRE del cordón hortícola de Buenos Aires.

Un floricultor japonés, que ocupaba muchos obreros, incumplía sistemáticamente sus obligaciones sociales como empleador.

Conocedor de su idiosincrasia, Sixto “le hizo conocer” que de la CGT estaban por enviar ¡un helicóptero con parlante! Que sobrevolaría toda la zona de quintas voceando: “Yamamoto vergüenza de la honrada colectividad japonesa. El único floricultor que no cumple las leyes laborales”.

-“Ustele no hacel eso, Yamamoto paga ley”.

Se hicieron íntimos amigos, y la anciana esposa del japonés, con una reverencia le obsequió a Sixto una macetita con una begonia para Tona.
En adelante fueron modelo de empleadores cumplidores.

Con Pedro Montero y Sixto, tuve el honor de formar parte de la numerosa delegación argentina ante la primera conferencia latinoamericana por la reforma agraria y los derechos sindicales y sociales de los trabajadores del campo, situación de las masas indígenas y su incorporación a la producción, seguridad social y lucha contra el analfabetismo en el campo. Del 20 al 25 de agosto de 1971, en Santiago de Chile.

En el acto de inauguración en el teatro Caupolicán, nos dio la bienvenida el presidente Salvador Allende.

Sixto y Pedro trabajaron en los temas de Reforma Agraria y trabajadores del campo, respectivamente.

Yo tuve la responsabilidad de representar a la delegación argentina sobre el tema de las masas indígenas, comisión de trabajo que presidió por la federación indígena de Ecuador, Isidoro Nepaz, fue el relator Rosendo Huenumán, de los mapuches chilenos, yo trabajé como secretario.

Ya retirado, sin medios económicos, Sixto por el lado del Talar de Pacheco, se dedicó con otros y sus hijos a un horno de ladrillos cooperativo, trabajaron sin tregua y en unos años prosperó y se hizo una casa propia y compró un auto.

Un día, hacía tiempo que no sabía de él, ya había pasado lo peor del Proceso Militar, me cuenta un compañero: “Sabes que Sixto vendió todos sus bienes y se fue a la selva misionera a poblar… Lo último que sé de él es que se había caído en un arroyo con un tractor y un acoplado y toda la familia”.

Yo dije “Pero que viejo loco, es incorregible, ahora que por primera vez en su vida empezaba a vivir tranquilo, se va de aventurero.”.
Le debe haber contado, porque al tiempo me escribió.

Es tan pintoresca su redacción, que les dejo que a través de su propio relato les cuente sus andanzas, para que vean que el tantas veces tildado de “actividades antinacionales extranjerizantes” nos da un ejemplo de patriotismo poco frecuente hoy día.

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