Centro de Jubilados y Pensionados

En Gonzales Chaves, como en todo el país, surge la plaga de los gestores dolosos, a los que deben acudir los trabajadores, en alto porcentaje analfabetos, siendo más de una vez estafados, o en el mejor de los casos el gestor se queda con el retroactivo, y para que éste sea más suculento demora lo mas que puede el otorgamiento o usa el poder para cobrar lo de los fallecidos, otros exigen una parte del haber mensual por largo tiempo.

El viejito, que se sentía agradecido, atribuyendo al gestor su jubilación, no se negaba al abuso y más de una vez se enfadaba con los compañeros que tratábamos de esclarecerlo.

Peor aún sucedía con los autónomos. A los que pedían dinero para los aportes, y no los depositaban.
¡Así hicieron fortuna ciertos personajes locales, con careta de beneméritos! Dios los perdone.

En otros casos eran políticos que hacían proselitismo con el otorgamiento de los beneficios, perjudicando a los gestores honestos (estos no son los aludidos aquí, salvo para darles el agradecimiento merecido).

Los trabajadores rurales que estaban en condiciones de jubilarse (60 años) como antes de 1955 no existía la Caja, con la sola certificación de un productor rural de que habían trabajado en su establecimiento los años anteriores, se les computaba la antigüedad sin aportes.

Esto sirvió para que los gestores nos atestaran la caja rural con patrones-comerciantes-correligionarios-parientes y conocidos elementos de mala vida que jamás habían trabajado. Bastaba conseguir que una estancia (mejor firma desaparecida) les acreditara los años de servicio, a veces corroborados por testigos (otros clientes del gestor doloso que se certificaban unos a otros, ante autoridad competente) haber trabajado.

Esto causaba gran perjuicio a nuestra caja, impidiéndonos invertir estos fondos en créditos para solucionar el problema de la vivienda como habíamos proyectado.

En este contexto, a principios de los años 60, en una visita al Sindicato de Estibadores de Chaves, los directores de la Caja, compañeros Montoya y Volpini, nos proponen que el Sindicato haga los trámites jubilatorios directamente, para lo cual imparten un cursillo a varios compañeros, siendo aprobado quien esto relata, y a partir de ese momento, tengo que abocarme en forma honoraria a esta tarea, además de las que ya cumplía.

Así se logran las primeras jubilaciones por medio del Sindicato.
Los primeros fueron don Hipólito Velásquez, don Urbano Acuña, don Miguel Cicarelli. Luego se produce un aluvión de peticionantes, acudiendo también de otras Cajas, pues nadie tenía que pagar ni siquiera el franqueo.

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