Combates de Sol de Mayo y Cristiano Muerto

Paunero asintió y lo apoyó con el resto de la fuerza por la izquierda y Conesa por la derecha, a escape iba el ayudante a dos cuadras de la columna y cerca de Machado cuando se vio a este lanzarse sobre el enemigo.

El choque fue fuerte y de poca duración, y en el cuerpo a cuerpo de nada sirven las lanzas de los indios contra el sable de los nacionales.

En el corto espacio que se estrecharon, quedaron 15 indígenas muertos sableados. Resultaron heridos de la milicia del Regimiento 17: Alférez Nicolás Aredes, Cabo Inocencio Martínez, Sargento Juan Luján y Teniente Cabañas, de los de Bahía Blanca.

Con el resultado de este encuentro y la marcha de todo el escuadrón: coraceros, infantes y la columna de Conesa, se pusieron los indígenas en fuga en todas direcciones, matándoles en la persecución 15 o 20 más, y tomaron 1 prisionero herido.

Interrogado se supo que los invasores serían unos 500 y operaban en dos grupos independientes al mando de Blanquillo y de Manuel, que tenían tolderías en las Quebradas del Pigüé. Los primeros, los derrotados por El Moro y el Rincón de Cobos habían corrido y atrapado yeguas alzadas en poca cantidad. (Entonces ¿que delito habían cometido?)

Era de suponer que los otros trajesen hacienda vacuna porque habían ido más adelante y quedaban más adentro.

Con la puesta del sol regresó Conesa que siguió la persecución, sableando indígenas dispersos, haciendo aumentar las bajas nativas a 30 muertos ese día.

Con la noticia de que había más indígenas adentro, acamparon en el Cristiano Muerto, en la Tapera de Villalba, y enviaron hombres en todas direcciones a costear rastros estando en acecho hasta el día siguiente.

Amaneció, y regresaban los descubridores sin noticias porque los indios del otro grupo no habían llegado aún a la altura de la fuerza.

La derecha había descubierto hasta el mar y el Sargento José Rodríguez, del 17, con cuatro gauchos resueltos, quedó en observación a la izquierda buscando datos seguros.

Conesa le presentó a Paunero un soldado coracero que decía haber encontrado un resto de ganado vacuno como a dos leguas hacia el Arroyo Seco.

Paunero dispuso la salida de una columna ligera tras el enemigo y seguida por el resto. Conesa quiso marchar en esa comisión y se le otorgó.

Al galope con 160 coraceros e infantes antes de una hora mandó parte de tener el enemigo a la vista, en número de 200, con arreo de vacunos y yeguarizos e iba a atacarlos.

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