Un mundo criollo en las Malvinas

Texto del Diario de la Sra. Maria Saez de Vernet

Las Malvinas, Julio 15 de 1829.

Me levanté un momento y volví a hacer probar mis fuerzas al deseo que tenía de llegar a las casas – el ama seguirá con los chiquitos -. Vi que iban cargados por los marineros y criados. Baisbend propuso ir en busca de una silla o catre para conducirme y a poco rato volvió con una silla de brazos, en ella nos condujeron — Un marinero se sacó una corbata de lana del cuello con lo que me abrigué la cabeza.

Pasando por debajo de una barranca donde no daba el sol, Había un montón de nieve, me alcanzaron un poco para que la viera, lo que tanto halagaba mi vista por su blancura y brillantez, que luego al tomarla en la mano sentí su frialdad, no quise por más tiempo contemplar su hermosura — Pasé por el puente, me detuve a observar un arroyo cristalino de agua dulce que pasó por debajo cuyo ruido atrajo mi atención — Llegué a las casas y lo primero que vi ge una infinidad de negras chicas y grandes.
Salieron a recibirnos haciendo las mismas demostraciones de contento que los negros.

Me acosté en la cama de uno de mis hermanos y luego, que respiré con libertad despaché un peón p.la Estancia con una carta a Loreto avisando mi llegada, al poco rato trajeron varias de las aves que hay aquí – las que me parecieron hermosas — Emilio y Loreto no nos esperaban por ser tan avanzada ya la estación — Por lo que no habían concluido mis habitaciones, nos alojamos en el cuarto de Emilio y el en uno de altos. El ama y los chiquitos en otro, al lado del nuestro — Acomodados y aunque con mucha estrechez me hallaba dichosa de haber abandonado el buque, cuya cama aunque muy cómoda, con buen servicio – y abundantes provisiones, me era insoportable por el mareo — Emilio volvió de abordo y se explicó nuestro desembarco del modo ya indicado.

Jueves 16 de julio 1829:
Día nublado, desembarcó Dn. Julio con su mujer Dña. Mariquita por no haber aún comodidad para ellos se volvieron a bordo.
Yo estaba impaciente por ver a mi hermano Loreto cuando en esto llegó un peón de la estancia con carta para Emilio, pidiendo algunas cosas que necesitaba y le mandó un asado con cuero, cuya vista estimuló mi apetito. En efecto tomé de él un poco, era tan gordo y sabroso que no cesaba de decir a Vernet si lo tomaría nuestra Madre tan bueno en Bs. Aires. Acordándome que había salido de allí con escasez.

Viernes 17 de julio:
Día nublado con viento fuerte, traté de dejar la cama temprano, y Sofía que me vio levantada no me quería dejar, lo que durante la navegación no quería estar conmigo porque me veía siempre en cama. Al poco rato después de levantada, me avisó la negrita Carlota que llegaba Loreto, con este anuncio, me quedé sin poder caminar ni hablar y no hacía sino gritar, quise dejar a Sofía para poderlo abrazar con más libertad, pero ella no me dejaba y en esto nos abrazamos oprimiéndola lo que la hizo llorar. La primer pregunta fue por nuestra madre y familia y así seguimos, él admirado por mi estado de flaqueza y yo por su corpulencia no cesaba de decirme que pronto me pondría como él; me hizo preguntas de sus amigos. Está noche fue la primera que dormí tranquila pues carecía de este bien desde que salí de Bs. As. Cada día adquiero fuerzas cuya falta es mi única enfermedad.

Sábado 18 de julio:
Sigue el mal tiempo. Asimismo se pusieron los capitanes con Emilio y Loreto, a hacer una provisional de tablas para alojar a las familias alemanas, que en los días anteriores se habían- acomodado en las piezas de altos, las que nos hacen falta para las provisiones y muebles. Hoy mismo se concluyó la obra y las familias se han acomodado.
Mi pieza principal se ha concluido de entablar y blanquear y sólo espero que seque la cal y la colocación buena chimenea de hierro para pasarme a ella.

Domingo 19 de julio:
Mal tiempo con viento fuerte. Se desembarcaron las provisiones y muebles; vinieron los negros del pescadero que todavía no conocía, he hecho quedar algunas de ellas que he elegido para el servicio, entre ellas la que pienso mandar a mi madre a Bs. As. con el objeto de que la vaya imponiéndose algo de lo que es el servicio, hasta que llegue el caso de irse.

Lunes 20 de julio:
El mismo tiempo y viento, me pasé hoy a mi nueva habitación, ésta tiene dos grandes ventanas que miran a la Bahía, por donde entran los Buques. Se desencajonó el piano, el que llegó sin recibir daño alguno, todos bailaron menos yo que apenas tengo cara para tocar mal el piano.

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